El sol se esconde lentamente tras las grises nubes que anuncian una tempestad, mientras en los altos del edificio Vivanco el Doctor Fausto Moreno elabora el escrito para denunciar un caso de explotación; entre tanto el demandante conversa con Gioconda Cueva la amable secretaria del Doctor Moreno.
La tarde transcurre con normalidad entre el vaivén de la gente, el comercio informal y el barullo de los autos que transitan por el lugar.
De pronto, a lo lejos se escuchan varias voces al unísono gritando “Jubilados presentes” ¡Hasta cuándo! “Hasta la victoria siempre”, es un grupo de 500 personas aproximadamente que marchan por la calle arenas exigiendo un incremento en las pensiones jubilares, al frente un hombre de mediana estatura, blanco, con atuendo negro de pies a cabeza comanda al grupo a través de un megáfono dando la pauta de los gritos de protesta con gruesa voz, dicho individuo es llamado “El látigo negro”, por su fuerza y seguridad al dirigir a la multitud.
Durante la marcha los jubilados levantan carteles con letras rojas en los que se lee: “Exigimos pensiones justas y dignas”, “No más injusticia”, pero de repente la fuerza pública llega al lugar e intenta impedir que la marcha continúe, cerrando el paso con sus motocicletas justo en la intersección con la calle 10 de agosto, por la que un grupo aún mayor de manifestantes venía abriéndose paso gritando: “El pueblo unido jamás será vencido”, los 8 representantes policiales que intentaron contener al grupo de jubilados optaron por retirarse, nada podían hacer ante cientos y cientos de personas.
A medida que la multitud avanza más personas se suman y más fuertes son sus exclamaciones, pese a esto algunos de ellos ya con avanzada edad se retiran, no sin antes dialogar con los demás para acordar la fecha y la hora de la próxima concentración para seguir luchando por una justa pensión.
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